Vaya excentricidad que nuestra situación personal pueda ser adivinada por la dirección en que caminan nuestros pies por las simples calles de nuestros barrios.
Através de mi ventana puedo divisar que mucha gente ha salido a hacer compras, presurosos, como si temiesen que al llegar tarde a la frutería ya no hubieran más frutas que comprar. Divertido ejemplo para explicar la psicología humana, siempre temerosos, hasta de lo que no es necesario estarlo.
En fin, creo que es mejor acabar con esta entrada antes de que esta cantidad de sandeces se combierta en algo más absurdo.
~ Leire.